INTRODUCCIÓN

INTRODUCCIÓN
Me corresponde presentarles en esta oportunidad, un aspecto del pensamiento del hombre que está presente desde sus primeros tiempos, pero, que bajo la impronta de la postmodernidad pareciera que adquiriera relevancia menor. Efectivamente, los aspectos relativos a la ética y la moral, parecieran no estar, desde hace mucho, en el centro de las preocupaciones de la filosofía, aunque tienen siempre importancia en los ámbitos de los credos.
Sin olvidar los factores propios de la premura con que ha debido enfrentarse la elaboración de esta presentación, hemos tratado de dar una significativa mirada al camino recorrido por el homo sapiens sapiens, en la búsqueda de respuestas sobre este aspecto del pensamiento, que está en el centro de su transcurrir: su relación con los demás y su relación con Dios.
Efectivamente, desde sus primeros tiempos, el hombre ha estado enfrentado a la disyuntiva entre el bien y el mal. Unas u otras civilizaciones, han enfrentado la necesidad de normar aquello que está dentro de lo aceptado y lo rechazado en las conductas gregarias. Siempre ha debido establecerse una legislación, que oriente el desenvolvimiento de las relaciones humanas, ya sea ante los demás hombres, o ante Dios. En algunos casos, hubo normadores humanos, como Hamurabi; en otros casos, el legislador fue Dios mismo; por  ejemplo, en las tradiciones judeo-cristianas.
¿Qué es lo bueno y que es lo malo? ¿Qué se entiende por el bien y por el mal? Son preguntas que tienen muchas respuestas, de acuerdo a las convicciones que predominen en los grupos humanos. Sin embargo, hay aspectos que tienen ciertos comunes denominadores. Por ejemplo, el asesinato es algo que se entiende como malo en cualquier cultura, salvo cuando tiene una justificación social, como es el caso de la guerra o la aplicación de justicia (pena de muerte).
En nuestra civilización occidental, los conceptos del bien y el mal están profundamente arraigados, aún cuando muchas veces no muy definidos, en razón de la variedad cultural, o por la diversidades filosóficas y religiosas. Simbólicamente, el relato bíblico ha pesado de una manera significativa en el subconsciente colectivo, pues, allí se origina el concepto de la caída, del pecado, del mal: Adán y Eva, creados a imagen y semejanza de Dios, estaban en el Paraíso, desnudos, sin avergonzarse de ello, en la inocencia absoluta. Sin embargo, por sugestión del espíritu maligno, simbolizado en la serpiente, comerán del árbol misterioso, el árbol del bien y el mal, abandonando irreversiblemente la sublime inocencia primitiva.
Esta visión pecaminosa y culposa, propia de la civilización occidental, no tiene que ver con la civilización oriental, cuyas concepciones valóricas están determinadas, más bien, por aspectos propios de la conciencia individual. Por cierto, en estas apreciaciones juega un rol fundamental el sentido de la oportunidad: en las religiones orientales, que reconocen la idea de la reencarnación, y por lo tanto, el paso de una vida a otra, hasta acceder al Nirvana,  permite concebir los conceptos con mayor relativismo que lo que ocurre con las creencias monoteístas de Occidente, donde el creyente solo percibe una oportunidad para ganarse un lugar en el Paraíso: esta vida, siendo lo culposo, en consecuencia,  mucho más acendrado, por lo irreversible de la oportunidad única.
Demás está decir, que, desde el punto de vista filosófico, en Occidente, se presentan visiones que, en general, han buscado racionalizar, construir razones, que expliquen los fenómenos valóricos presentes en el hombre, tanto en un plano individual como colectivo, que han marchado por senderos distintos a los de la fe.
De alguna manera, en las páginas siguientes, trataremos de expresar del modo más ilustrativo, las visiones que han enfrentado el desafío de determinar el bien y el mal, tarea que no ha culminado en la historia humana, ni podrá terminar, mientras el hombre sea protagonista de su historia.
En tanto, cronológicamente, las concepciones del bien y del mal de tipo religiosas anteceden a las filosóficas, presentaremos éstas en forma previa a las filosóficas, buscando en una segunda parte, una perspectiva que tenga que ver más con nuestra condición iniciática, donde también se expresan contenidos en torno a estos conceptos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario